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Yo, traductora

¿Liebre de marzo?

Cuando retomé la lectura de Alicia en el País de las Maravillas (ed. Martin Gardner), un amigo me preguntó por la Liebre de Marzo. A los traductores nos llaman la atención los juegos de palabras sin resolver, es un defecto que tenemos.

La cuestión es que, efectivamente, el Sombrerero Loco y la Liebre de Marzo son personajes que nacen de expresiones que no sólo no tenemos en el español peninsular sino que además su uso se remonta a los tiempos en que Carroll escribió el cuento. Por lo tanto no entendemos a qué viene que un sombrero esté loco o que una liebre sea de marzo, y que también esté loca.

Aunque evidentemente todos lo aceptamos en su momento, porque en la obra todo era absurdo y surrealista, en el fondo tiene su explicación. Lo mismo que el gato de Cheshire, cuya sonrisa aparece antes que él o bien permanece cuando ya se ha marchado. ¿Por qué? Pues también viene de una expresión de la época.

Según Gardner, el giro “mad as a hatter” (loco como un sombrerero) pudo ser una distorsión de “mad as an adder” (loco como una víbora) inspirada por un hecho de lo más curioso: en aquellos tiempos, los sombrereros solían contraer ciertos trastornos mentales o, en otras palabras, se volvían locos a causa de los productos químicos derivados del mercurio que se utilizaban en el curtido del fieltro para fabricar sombreros.

En el caso de la liebre, la expresión nace del comportamiento que se atribuye a las liebres durante el celo, desde febrero hasta septiembre en Inglaterra. Al parecer, las hembras que no están receptivas al principio de la temporada se alzan sobre las patas traseras y espantan a empujones a los machos con las delanteras.

En cuanto al gato de Cheshire, viene de la expresión “to grin like a Cheshire cat” (sonreír como un gato de Cheshire), y existen dos teorías sobre su origen: según la primera, surge en el condado de Cheshire, donde nació Carroll, y había un pintor que dibujaba leones sonrientes en los carteles de las tabernas de la época. La segunda, que a mí me gusta más pero no por ello es más verosímil, relaciona la expresión con los quesos de Cheshire, que se fabricaban con forma de cara de gato sonriente (si es que un gato puede sonreír). En un estudio psicológico de Carroll, la Dra. Phyllis Greenacre apunta que sería muy propio de él establecer un paralelismo como ese entre la frase, si ése fuera su origen, y el personaje, ya que sugiere la idea de que el queso, con forma de gato, se lo comería el ratón. Una teoría que no se le ocurriría a cualquiera.

Yo creo que no es más que una alteración de la expresión original “a cat’s grin”, que se refiere a esa cara de nada que pone uno cuando ha hecho algo malo, como el gato que se ha comido el canario mientras nadie le miraba.

Pero sólo es la opinión de una traductora con poca visión matemática y seguramente me estoy perdiendo algún teorema que se esconde entre líneas. Porque en su edición de la obra, Gardner explica el hecho de que el gato desaparezca y quede su sonrisa suspendida en el aire de la siguiente manera:

La expresión “grin without a cat” (sonrisa sin gato) no es una mala descripción de la matemática pura. Aunque los teoremas matemáticos pueden aplicarse a la estructura del mundo externo, los teoremas en sí son abstracciones que pertenecen a otra esfera, “alejada de las pasiones humanas”, tal y como lo describía Bertrand Russell en un pasaje memorable: “alejado incluso de los lastimosos hechos de la naturaleza… un cosmos ordenado donde el pensamiento puro puede vivir como en su entorno natural, y donde al menos uno de nuestros nobles impulsos puede escapar del lóbrego exilio del mundo real”.

Por lo tanto sí, los entrañables personajes del sombrerero y la liebre vienen de juegos de palabras que a nosotros no nos producen el mismo efecto que al destinatario del texto original. Nosotros los recibimos como elementos absurdos de la imaginería surrealista de Carroll, sin darle más vueltas, y dejamos que queden acuñados como personajes destacados de la literatura o del cine infantil. Que tampoco está mal. Pero para quien no se conforme, descubrir estas curiosidades es adentrarse un poquito más en otro contexto histórico y lingüístico que nos ayuda a comprender mejor la obra, producto de otra época.

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