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Japón y yo

Cómo empezó todo

Todo empezó en el año 1996.

Estando en Osaka de viaje de estudios, recibí una llamada que cambió, no sé si mi vida, pero sí el resto de esa primera estancia en Japón. Llevaba un tiempo colaborando con varios fanzines y con la editorial Planeta, escribiendo artículos sobre shojo manga, correos de lectores… era otra época: la era de Juanjo Sarto y Ana María Meca. Pero aquel día, el entonces editor de la línea manga de Norma Editorial, Armand Zoroa, me encargó que tradujese la serie RGVeda. Yo aún no había terminado la carrera de Traducción y, aunque ya había traducido cómic americano, bande dessinée francesa y novelas como Buenos Presagios y Sandman: el libro de los sueños, me sentía abrumada al empezar la aventura de traducir manga con una serie de tanto peso como lo era el gran clásico de CLAMP.

Con ese bautismo de fuego comenzó mi andadura en la traducción de japonés, que continuó con series de anime como Fushigi Yuugi, Karekano o Love Hina. Por aquel entonces también estaba muy metida en el Salón del Manga. Después de haber asistido varios años como aficionada, pasé al lado de la organización en la época en que Estudio Inu editaba la revista Kame y se encargaba de traer autores. Así fue como trabajé de intérprete de Masami Suda, Shingo Araki y Haruhiko Mikimoto. También me encargué de Akemi Takada, Yuu Watase y Yutaka Izubuchi, además de los invitados de Studio Pierrot que solían acudir todos los años gracias al esfuerzo de Jonu Media. Con el paso del tiempo me decantaría por dirigir las actividades de japonés del Salón del Manga en lo que ahora se ha convertido en Área Nippon.

Mi trayectoria se interrumpió brevemente cuando me fui a estudiar a la Universidad de Tokio con una beca de investigación, y fue entonces cuando tuve que recurrir a otros traductores para las series Macross 7 Trash y Lodoss War: la leyenda del Caballero Heroico. La famosa Todai que en tantos manga hemos visto me abrió sus puertas y tenía que dedicarle todo mi tiempo; allí era la única experta en traducción de mi departamento, cosa que trajo más pena que gloria por estar sola en mi línea de investigación, pese a trabajar bajo la tutela de uno de los más renombrados hispanistas de Japón, el profesor Hiroto Ueda.

Al volver, decidí abrir Traducciones Imposibles y seguir con mis proyectos junto con un equipo de traductores que compartiesen el mismo entusiasmo que yo tenía por la traducción. A lo largo de los últimos cinco años he traducido, entre otras cosas que van más allá del manga, toda la obra de CLAMP publicada por Norma Editorial. También he publicado la colección Japonés para Gente Manga.

Y por fin, en 2009, durante la Japan Expo de París, pude conocer a CLAMP. Que supieran quien era yo, que recordaran mi nombre, fue la mayor recompensa que he recibido jamás al esfuerzo de tantos años.

CLAMP ha sido una constante en mi vida, estuviera aquí o en Japón, ya tuviera entre manos algún manga o alguna traducción literaria, como ha sido el caso últimamente. Por eso quiero llamar a este espacio “la tienda de Yuko”. Un lugar atemporal donde reina una fuerte presencia aunque no se vea, aunque ya no esté, aunque sólo hayamos coincidido en mi pequeño mundo una vez. Porque en la vida, todo tiene relación con todo al fin y al cabo y las cosas no ocurren por azar.

Aquí hablaré de mi experiencia como traductora de japonés y de cualquier tema relacionado con este trabajo mío que tanto disfruto y que me gustaría que todos disfrutarais como yo. No creo que pueda conceder deseos a quien visite este blog, pero de algo estoy segura: si estás leyendo estas palabras, es porque estaba escrito que las leerías.

Como intérprete de Haruhiko Mikimoto en 1999

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