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Japón y yo, Yo, traductora

Entrevista para WeTav

Hoy comparto con vosotros un post algo distinto: es la entrevista que me hicieron para WeTAV, revista de traducción audiovisual. Por ser un poco extensa, en la revista la tuvieron que cortar, pero han sido tan amables de permitirme colgarla aquí para los curiosos que aún quieran leer más…

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INICIOS

  • Estudiaste Traducción, sociedad y comunicación en la Universitat Jaume I: ¿qué te hizo escoger esta carrera?

Venía de la educación bilingüe en el Liceo Francés y de la rama de letras puras; en el liceo ya teníamos una asignatura de traducción, que allí se llamaba “Version” o “Langue Vivante 1” en la que se utilizaba la traducción inversa como herramienta didáctica para entender mejor los textos en español y analizarlos con mayor profundidad y era una ávida lectora/espectadora en cualquiera de los idiomas que podía entender. A los 7 años empecé a aprender inglés en casa y a partir de los 11 me pasaba el verano en Inglaterra. A los 14 me apuntaron a alemán y a los 15 me apunté yo a japonés (a modo de protesta, porque lo del alemán no había sido elección mía). No podía haber estudiado algo que no estuviera relacionado con los idiomas… aunque entre mis opciones para el acceso a la Universidad también había una filología y… Bellas Artes. Pero recuerdo haber dicho alguna vez, de pequeñita, que de mayor quería ser “traductora simultánea”. Debía de ser un poco repelente.

  • ¿Por qué escogiste estudiar japonés? ¿Creíste en su momento que sería una buena baza para el mercado laboral de la traducción, o fue por otras razones?

No me planteé el japonés como herramienta de trabajo sino como hobby. De hecho, empezó como un reto personal. Mi hermano tenía un manga de Dragon Ball en japonés, o fotocopias con textos en japonés, no recuerdo bien… y había conseguido un diccionario básico de japonés, el Little Japanese-English Dict. de Kenkyusha. Se había aprendido el katakana. ¡Pero la que dibujaba y quería irse a Japón a estudiar dibujo era yo! No podía ser. Yo tenía que saber japonés y no él. Rápidamente propuse en casa lo siguiente: seguiría con el alemán (que me habían impuesto) si me dejaban estudiar japonés para, en el futuro, poder hacer algún curso de dibujo en Japón. Esto fue cuando tenía 15 años. No llegué a hacer ese curso pero cuando vivía en Tokio aproveché para probar distintos materiales de dibujo maravillosos.

  • Estarás harta de que te lo pregunten, pero ¿nos podrías explicar, a modo de introducción, cómo surgió tu interés por el mundo de la traducción audiovisual en concreto?

En la UJI teníamos un programa magnífico (94-98) que incluía traducción audiovisual en tercero y cuarto, y daba tiempo a estudiarla con bastante profundidad. El primer día fui a hablar con el profesor, que ahora es mi director de tesis, y le pregunté por la traducción de videojuegos. Por aquel entonces jugaba a “Monkey Island” y me gustaba tanto la adaptación que, sin saber nada de la industria, me había fijado en los créditos: “Traducción: José y Nise Santiago” (¿Os acordáis?). ¿Cómo se podía llegar a eso? Todavía no había mucha información y parecía que seguir por la rama audiovisual era la vía que conduciría a ese campo. Sin embargo, los primeros encargos que me salieron fueron para el sector editorial; lo cual no me importaba en absoluto porque me encantaba leer y también escribir (no había blogs todavía pero yo escribía a mano en folios, y además los ilustraba). Poco después, entré en el mundo de la subtitulación y del doblaje, con encargos de japonés. Empezaron a llegar los primeros ajustes y aproveché para pasar todo el tiempo que podía en estudios de doblaje, ver cómo trabajaban los actores, hablar con los directores… cuando más lo hacía, más me gustaba. Por otro lado, veía que todo estaba relacionado, aunque no había descubierto todavía por qué, ni me había planteado que todo lo que me interesaba eran, en definitiva, “géneros de entretenimiento”, en distintos formatos. Encargo tras encargo, fui descubriendo que traducir para el doblaje podía tener tintes de traducción literaria, científica y hasta jurídica; lo engloba todo. Eso es lo más bonito. Pero lo que más me gustaba era el ajuste. Hice varios cursos de doblaje para entender el trabajo del actor y el papel del ajustador y, con el tiempo, me fui especializando. Al final, los videojuegos también llegaron, pero en lugar de abordarlos como freelance, lo hice ya como empresa.

¿Qué opinas acerca de que, según la rumorología popular, el traductor es un ser tímido y retraído que trabaja desde casa en pijama? ¿Encaja con tu personalidad?

A la mayoría de traductores con los que me he relacionado les gusta trabajar cómodamente en casa, para algunos es en pijama y para otros no. Lo que importa es que en el entorno de trabajo que escoja, el traductor pueda concentrarse y aprovechar el tiempo. Creo que hay que facilitar la comodidad del traductor en su lugar de trabajo; las traducciones salen mucho mejor. Si decide estar en la oficina, tiene que cumplir un horario y unas normas de convivencia; suena el teléfono, hay visitas y otras interrupciones… no es el sitio ideal para todos los tipos de traducción. Esto puedo afirmarlo después de haber tenido oficinas con equipos de entre 4 y 15 traductores, correctores y gestores de proyecto entre 2003 y 2011.

Que el trabajo en casa tenga que ver con la timidez me parece discutible y más hoy en día, que hasta el más dicharachero prefiere trabajar en casa para evitar perder tiempo en desplazamientos y rentabilizar mejor sus horas. No significa que sean personas antisociales… una cosa es el trabajo y tu forma de enfocarlo y otra, cómo te relacionas con la gente. Yo más que tímida soy reservada y, en cuanto a mi indumentaria en horas de trabajo, llevo muchos años arreglándome para trabajar, porque suelo tener reuniones y otras gestiones que hacer durante el día. Eso sí, hace unos años decidí hacer como los japoneses. Cuando viví en Tokio pude comprobar que, además de descalzarse para entrar en casa, en algunas empresas (concretamente editoriales pequeñas y enmoquetadas, que son las que tuve ocasión de ver), la gente iba en zapatillas. Lo probé, más que nada para evitar hacer ruido con los tacones por toda la oficina, y ahora siempre me cambio el calzado al entrar en el despacho, si no tengo visitas. Me he dado cuenta de que en pantuflas me enfado menos :p

SOBRE LA TAV

  • ¿Cómo definirías el trabajo de un traductor audiovisual? ¿Qué destrezas debe poseer alguien que quiera dedicarse a ello profesionalmente?

El trabajo del traductor audiovisual es hacer hablar a los personajes de una película, serie, o dibujos como se espera que hablen en pantalla según la tradición del doblaje que tenemos aquí. Eso se llama “oralidad prefabricada”. Hay que saber entender “el estilo del doblaje”, lo que queda bien en pantalla y lo que no. Para ello es imprescindible que el traductor audiovisual, como traductor-adaptador, tenga una inmensa cultura cinematográfica pero que además haya visto mucho doblaje. Si no sabes cómo se ha doblado no sabes cómo se tiene que doblar (ya sea para seguir igual o mejorar, eso ya va a gustos y en función de cliente, encargo, etc.). Pero eso ocurre también en traducción literaria o de videojuegos: o lees en español, juegas y dominas el lenguaje de tu campo profesional o no tienes nada que hacer, en términos de adecuación del texto.

  • En tus aproximadamente quince años dedicándote al sector, ¿cuál ha sido el producto audiovisual que más te ha gustado traducir? ¿Y el que menos?

Esta pregunta es muy difícil, porque cada etapa de mi carrera profesional, de la de todos imagino, tiene sus estrellas y la percepción que tenemos de ellas va cambiando con el tiempo. Aunque lo cierto es que gracias al japonés, tuve la suerte de toparme con verdaderas joyas en los inicios de mi actividad. Y otras cosas que me marcaron bastante como el manga de “RG Veda” de CLAMP, pero que, en el conjunto de mi trayectoria tampoco puedo decir que sea lo que más me ha gustado. A veces la razón por la que te gusta un trabajo concreto no es el producto en sí, sino todo lo que rodea el encargo. Podría destacar, en libro, “Buenos Presagios” de Neil Gaiman (EN-ES). En manga (JP-ES), “xxxHolic” de CLAMP por la elegancia y a la vez el misterio con que utilizan el japonés las autoras; y “Yotsuba”, un manga costumbrista protagonizado por una niña, con juegos de palabras y un humor muy particular. En cine, “Brick” de Rian Johnson con Joseph Gordon-Lewitt (JP-ES), que me encanta. En cine subtitulado, “Magokoro”, de mi cineasta japonés preferido, el gran Mikio Naruse. Tuve que traducir la película (de 1939, B/N) sin guión, semanas después de terminar la licenciatura, sin programa de subtitulado porque aún no estaban extendidos (no los tenían ni en la universidad), y con una tabla de equivalencias segundos-caracteres hecha a mano. Fue una labor del todo artesanal. En anime, “Akira” por lo que significó para el mundo del cine de animación japonés. Y en ficción TV “El Mentalista” (ajuste), que es de los trabajos que más disfruto en estos momentos en que, por falta de tiempo, tengo que ser muy selectiva con los encargos que acepto.

No sabría decir qué traducciones me han gustado menos, porque lo que me gusta es traducir y ajustar, y procuro buscarle el interés aunque el producto no sea santo de mi devoción. No obstante, cuando tengo que ajustar series o pelis con un guión tan malo que ni la mejor traducción las salva, me pongo un poco nerviosa. Pero aún así, tiene que quedar bien y lo hago con la ilusión de que quede una buena traducción, aunque no luzca si el producto es malo.

  • En clase de doblaje siempre nos hablan de la sincronía de las labiales: ¿hasta qué punto se respeta/respetas esta pauta al ajustar un producto audiovisual?

En un plano corto es muy importante cuadrar bien porque, de lo contrario se nota mucho y el espectador con cultura de idiomas puede llegar a intuir o a identificar lo que dicen en inglés al ver una labial sin ajustar. Es un caso extremo, pero si doblamos es para que el espectador no se cuestione qué decían en inglés, sino para que el visionado fluya sin interrupciones. Un texto está ajustado o no está ajustado, no existe el matiz “hasta qué punto”.

  • ¿Cuáles son las principales dificultades a las que tienes que hacer frente a la hora de traducir un producto audiovisual?

Depende del género. En ficción TV hay tantos desafíos para el traductor como títulos en IMDB. Si hago una serie de humor americana, sé que va a estar plagada de referentes y tendré que tomar decisiones sobre cómo adaptarlos: ¿son lo bastante conocidos para el espectador de la versión doblada los referentes de la política norteamericana? ¿De la cultura popular de Estados Unidos? Pero si la serie es de médicos o de militares, el problema es el lenguaje. Hay que tener un bagaje para que “salga solo”. No suele haber tiempo de leer libros o ver otras series parecidas para ponerse las pilas. Hay que empaparse antes, porque si tienes 2 días para traducir 40 minutos, probablemente no te dé tiempo de leer el cómic de Walking Dead o de ver todas las temporadas antes de traducir la nueva serie de zombis que te proponen. En un documental de animales, tendré que documentarme a la perfección para no decir mentiras acerca de la especie de la que se habla. Cada texto tiene sus complicaciones, pero un buen conocimiento de las subculturas, de la cultura de la lengua de trabajo y sobre todo, el dominio absoluto de la lengua meta (y haber visto mucho cine doblado) te dan las herramientas para enfrentarte a ellas.

  • ¿Te has especializado en la modalidad de doblaje, o también traduces para otras modalidades (subtitulación, localización de software o videojuegos, etc.)? ¿Hasta qué punto consideras importante que un traductor se especialice en un campo, sin dejar de lado los demás?

A lo largo de estos 15 años he traducido para doblaje, he adaptado, he subtitulado, he traducido páginas web, manuales de idiomas, de dibujo, interactivos, multimedia y videojuegos. Hasta he sido intérprete con japonés, inglés y francés. Aunque con los años me centré más en la traducción de géneros de entretenimiento, tanto literarios como audiovisuales o multimedia.

Soy una firme defensora de la especialización múltiple, pero creo que se puede dar en áreas “compatibles”. Hay buenos traductores que se dedican a jurídica y también hacen accesibilidad. O traducción de textos médicos y libro infantil. No está reñido, pero no es habitual. La especialización no te la da un diploma: especializarse no es sólo cursar asignaturas en grado y máster. Es trabajar y conseguir un bagaje y un savoir-faire que te dé la categoría de profesional de esos campos, y seguir haciéndolo durante toda tu carrera. Nadie está especializado en nada después de un grado, ni siquiera de un máster. Hay que empezar a trabajar y los años dirán en qué te vas a especializar: si eres bueno en algo, seguramente ya no tendrás tiempo para otra especialidad, aunque se te dé bien, y dejas de estar al día. En cambio, en AV el perfil que me parece más interesante es el de traductor de géneros de entretenimiento, que es como yo me definiría. Un buen traductor en este campo, que engloba un conjunto de productos cortados por un mismo patrón debido a su naturaleza y función, puede traducir para el doblaje, subtitular o localizar videojuegos. Existe un denominador común que permite al traductor audiovisual enfrentarse a cualquier texto, en el sentido más amplio de la palabra, de este tipo, porque las estrategias que pondrá en marcha son las mismas. La técnica y las herramientas digitales sí que son específicas de cada modalidad y hay que aprenderlas; y luego está el encargo como concepto, que puede cambiar mucho la forma en la que solemos abordar un texto en una modalidad específica.

  • ¿Cuáles son las condiciones laborales en las que trabaja un traductor audiovisual (doblaje o subtitulado)?

Por TiGroup han pasado traductores que han estado en plantilla, otros que han sido autónomos y traductores con contrato de prácticas, tanto para doblaje como para subtitulación. Ahora hemos apostado por la descentralización y el teletrabajo, y tengo gente contratada con nómina pero que trabaja en casa o en otros países, así como autónomos que nos facturan sus encargos.

  • Hablando un poco de una de las series de actualidad que traduces, El Mentalista (La Sexta TV), ¿qué dinámica sigues para traducir un episodio? ¿Nos podrías hacer algún “adelanto” de la trama? 😛

Como en cualquier encargo audiovisual, cuando se recibe el material, vídeo y guión, se empieza a traducir. A mí me gusta ver el episodio antes de empezar, para detectar cuestiones que me pueden dar algún quebradero de cabeza. En las series prime-time, como existe un interés cada vez mayor por emitir con el mínimo desfase posible respecto de la emisión en Estados Unidos, suele haber 2 días para traducir y otros 2 para ajustar un episodio de 40 minutos. El doblaje y la mezcla se hacen en unos 3-4 días.

No puedo hablar de la trama, es confidencial. Tendréis que seguir la serie en TV… sólo hay una semana de diferencia con la emisión en Estados Unidos.

  • ¿Qué futuro laboral nos auguras a los que nos querríamos dedicar a este subgénero de la traducción?

El futuro laboral está bastante negro. No es que no haya trabajo, pero el que hay viene en forma de grandes volúmenes y precios especiales. Hay que trabajar mucho, muchas horas, y deprisa, para que sea rentable… si es que tu cliente paga. Además tienes que trabajar bien, porque las exigencias de las empresas se mantienen y si el resultado no es bueno, desgraciadamente tienen más opciones, porque hay una competencia feroz.

Es el momento de adquirir experiencia sin decantarse por una rama concreta. Creo que es buena idea traducir “de todo” dentro de los géneros de entrenimiento, ya que estamos hablando del traductor audiovisual: videojuego, libro, animación, cine. El denominador común de estos géneros está a favor del traductor. En contra: el nivel con el que se sale del grado e incluso del máster en algunos casos, que es nefasto. Es necesario que haya prácticas en las que no se utilice al traductor como mano de obra barata de forma deliberada, sino que se le dé la formación que no ha recibido en la universidad, se le señalen sus fallos con franqueza, por duro que pueda ser para el traductor después del tiempo y del dinero que ha invertido en su formación, y se le indique cómo ser mejor profesional. Eso intento hacer con los (pocos) estudiantes que admitimos en prácticas en TiGroup.

EDITORA Y FACETA EMPRENDEDORA

  • Eres muy polifacética: no sólo te dedicas al sector audiovisual, sino que también al mundo editorial. Autora de libros didácticos como Japonés para gente manga y traductora de cómics, manga y narrativa, ¿con qué faceta te sientes más comoda: con la de autora, con la de traductora audiovisual o con la de traductora literaria?

No puedo decir que esté más cómoda en una o en otra de esas facetas; escribir textos didácticos es muy distinto de traducir: cada cosa tiene una función y requiere una actitud, y una responsabilidad diferente. En traducción, estoy en mi salsa tanto en literaria como en audiovisual. Tal vez lo que más me cuesta es traducir productos (libros o audiovisuales) ligados a una subcultura de la que no sé mucho; por ejemplo, narrativa fantástica de la saga Dungeons and Dragons. Esto se debe a que no soy lectora ni usuaria de ese tipo de producto, y por tanto desconozco el estilo: no es que no pueda hacerlo bien, pero me cuesta más que a un traductor con experiencia como lector (ojo: hablo de un traductor, no de un lector que no sea traductor). La documentación ayuda pero no es infalible ni suficiente por sí sola en ningún caso.

  • Sólo hace falta echar un vistazo a tu página personal para ver que tu filosofía es proporcionar un servicio especializado para cada proyecto: ¿cómo surgió la idea de crear TI Group, Traducciones Imposibles y VOSE?

TiGroup es el nombre internacional del grupo que comprende Traducciones Imposibles, VOSE y Red Comet Media (localización y sonorización de videojuegos). En 2008 decidí gestionar de forma independiente cada sello debido a la enorme afluencia de proyectos y las necesidades tanto de equipo como de software de cada sello. RCM llegó en 2010 por la misma razón: la gestión del proyecto en localización es específica, no podíamos gestionar los encargos ni de la misma manera ni con el mismo equipo de gestión. En cambio, en el equipo de traductores habituales los hay que traspasan las fronteras de estos sellos y que han logrado el perfil perfecto para tiGroup: son capaces de traducir cualquier producto de los que solemos manejar en la empresa. Ahora bien, ese núcleo es muy pequeño, son 4 personas que llevan en la empresa desde que nació, se han ido formando conmigo y ahora son profesionales del más alto nivel. No han pasado de puntillas por la empresa: desde aquí han mamado el mundillo de la traducción, lo han sufrido y disfrutado, han comprendido lo que es un servicio profesional, la diferencia entre el contexto de empresa y el de freelance, y saben cuál es el papel del traductor en los distintos engranajes y cuál es la función de su trabajo, como proceso y como producto. La traducción es parte de su ADN y ya tienen el dominio y la madurez ideal para enfrentarse a cualquier proyecto de nuestras líneas. Creo que esa labor es mi gran triunfo, por encima de cualquier traducción que haya hecho en estos 15 años: haber llevado a un equipo al punto en el que pueden decir, con todas las de la ley, que son traductores profesionales. La gente lo dice muy a la ligera, como si cobrar por traducir ya te hiciera profesional; pero no es así. Ser profesional una meta que no se consigue al día siguiente de terminar de estudiar. Es algo que se debe luchar y ganar, que cuesta años, que le dará forma a tu vida y que te acompañará siempre.

  • También eres la fundadora de Translator Training Lab, que ofrece cursos de formación para traductores profesionales, ¿cómo surgió la idea? ¿Hubieses asistido tú a estos cursos quince años atrás?

Precisamente de ahí surgió la idea: ¿qué módulos formativos me habría gustado tener a mi disposición cuando me licencié en 1998? Cursos cortos, de iniciación, para empezar a explorar nuevos campos, o bien muy específicos, prácticos y donde enseñen la materia en profundidad. Y a buen precio, claro. Esa es la dificultad, porque si no salen grupos con un mínimo de 5 alumnos, se cancelan porque no son rentables.

  • ¿Qué te gusta más, traducir o enseñar a traducir?

Ambas. Pero no tengo mucho tiempo para la docencia, así que me reservo para las grandes ocasiones. Próximamente anunciaremos un curso especial con motivo de los 10 años de TiGroup, que impartiré yo de forma muy personalizada.

Aunque como decía antes, tal vez lo que más me apasiona es dirigir equipos y guiarles hacia unas metas específicas, sacar lo mejor de esas personas y que se definan como profesionales, que su perfil se consolide. Obviamente esto no ocurre con todos los traductores con los que trabajamos porque también los hay que llegan a la empresa con experiencia y se suman a proyectos en curso como refuerzo provisional, pero ya tienen su carrera orientada en otras direcciones. A ellos sólo hay que darles una pequeña formación para que se pongan al día; de eso se encargan los PMs de cada área.

  • No hace mucho, ha salido a la luz una nueva editorial basada en libros relacionados con Japón y la transculturalidad; emprender siempre es difícil, pero más aún en los tiempos que corren: ¿cómo crees que Taketombo Books se desmarca de otras editoriales que cubren el mercado literario nipón?

Taketombo Books cubre el hueco que dejan las editoriales grandes con autores comerciales y las independientes con un catálogo más clásico. Además tenemos una línea de ensayo con un perfil de autor muy definido: especialistas en Japón, conocedores de la lengua, la cultura y el pensamiento japonés. Nuestra idea es publicar textos que aporten una visión crítica, con un tinte de divulgación sociolingüística que se apoye en una reflexión basada en vivencias personales. En otro orden de cosas, la línea gráfica alternará libro de ilustración, más cercano al libro de diseño, con cuento ilustrado. De este modo tendremos una línea de ensayo en ebook combinada con libro en papel. Y nuestra idea es publicar títulos japoneses traducidos al español y posiblemente al catalán, de autores poco conocidos, alejados del best-seller, cuya narrativa encaje en esta línea editorial menos mainstream, más polémica e incluso, por qué no, subversiva, no por ser especialmente provocadores sino por contar una historia de otra manera, desde una perspectiva que no es la habitual, y mostrarnos otro Japón. ¡Tampoco puedo mencionar nombres hasta que firmemos el contrato! Paciencia…

  • Y para finalizar, ¿en qué dirección crees que navega el barco de la traducción audiovisual en España? ¿Crees que será muy diferente dentro de diez años?

No quiero ser muy pesimista, pero tampoco puedo ser tan optimista como lo era hace años, cuando decía que había trabajo si se buscaba bien, que todo consistía en saber moverse. Eso es matizable ahora, porque trabajo hay, pero ¿en qué condiciones y qué trabajo? No me refiero a que sean malos precios (que también), sino porque puede no ser trabajo de traducción exactamente, sino de gestión de proyectos, de corrección, de terminología, de sincronización de subtítulos sobre una traducción ya realizada, etc.

Hace poco ha salido un artículo mío sobre la situación pasada y presente de la TAV en España en el libro “Reflexiones sobre la traducción audiovisual: tres espectros, tres momentos” de Juan José Martínez Sierra (ed.), en el que hablo de estas cuestiones y de cómo el perfil del traductor tendrá que cambiar para que le lleguen encargos.

Hemos llegado a un punto en el que la calidad nos importa a los traductores, y a nadie más. El espectador prefiere la versión original por la inmediatez con que puede conseguir un producto AV en la red. Las distribuidoras sólo quieren buen precio y rapidez. Siempre hay excepciones y clientes que sí se preocupan (esos que te dan una película sueca una vez al año, muy bien pagada y con materiales impecables), pero hablo de la tendencia general en los últimos 15 años.

Es un punto de no retorno en el que el traductor novel está obligado a entrar en una guerra de precios que empeora la situación aún más. Y está obligado porque tiene que comer todos los días o cambiar de trabajo. Creo que las cosas no van a cambiar mucho, sino que se reestructurarán y los que cambiarán serán los traductores: “Adaptarse o morir.” Se están abriendo las puertas de la accesibilidad y hay mucho trabajo en el campo de la localización de videojuegos. Este último genera mucho trabajo de coordinación, de modo que es buena idea formarse en gestión de proyectos y de equipos con visos a irse al extranjero o a entrar en empresas grandes. No es exactamente traducción, pero entra en el espectro de actividades que un traductor puede hacer bien. Creo que habrá oportunidades y el éxito profesional del joven traductor pasará por saber verlas desde lejos y arriesgarse. Arriesgarse no quiere decir aceptar cualquier cosa, sino aprovechar experiencias que aparentemente no sirven para mucho: participar en un evento de cultura japonesa te enseña a gestionar equipos de personas. Implicarte en aspectos que rodean tus áreas de interés, aunque ello no suponga ingresos, es la mejor forma de engordar tu perfil cuando no tienes experiencia, de estar en contacto con posibles clientes que algún día se acordarán de que dabas clases de japonés, de que eras el mayor experto en Zelda, o de tu blog de crítica de clásicos japoneses. Las personas que seleccionan profesionales a largo plazo, ya no para refuerzo o proyectos cortos, yo misma entre ellas, tienen todo eso en cuenta a la hora de decidirse. Lo ideal es encontrar traductores apasionados de sus campos profesionales. Pero eso ya lo sabíais, ¿verdad?

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Comentarios

Un comentario en “Entrevista para WeTav

  1. ¡Menuda entrevista! Pues nada, que ya es oficial: te he dejado el premio en mi blog ¡Enhorabuena, María!

    Publicado por m | 22 abril, 2013, 10:15

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